Mucha mierda

– Entonces Simon se adentra solo en el bosque y encuentra una cabeza de jabalí clavada en una estaca, chorreando sangre y cubierta de moscas. Y es cuando sufre la alucinación: la cabeza le habla identificándose como El Señor de las Moscas; y se burla de él y de los demás niños por creer que La Bestia es una criatura que se puede cazar.

– Claro, pero en realidad no es ninguna criatura física sino la alegoría de la maldad humana que lo invade todo, en contraposición a Simon, que es todo bondad. Por eso es a él a quien se le aparece, porque en realidad es el más vulnerable.

– Exacto, Simon aún es inocente.

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‘Mucha mierda’, por le frère

– Y yo me pregunto: ¿por qué ese nombre de El Señor de las Moscas?

– Es la traducción de Belcebú en hebreo. Belcebú era uno de los siete príncipes del infierno según los filisteos, el que representaba el pecado de la gula.

– ¿Y por eso las moscas están todo el día revoloteando alrededor de la comida?

– Seguro que sí. Sus adoradores hacían sacrificios y le ofrecían grandes cantidades de carne, que dejaban en los templos. Y como no la recogían, se descomponía.

– Y acudían las moscas.

– Eso es, los templos estaban plagados de ellas.

– Pero, ¿qué fueron primero, las ofrendas o las moscas? Es decir, le llamaron El Señor de las Moscas pero antes de la primera ofrenda de carne no habría moscas, ¿no? O sea, que los propios humanos fueron los que provocaron que apareciesen con sus ofrendas…

– Pues sí, supongo, pero ya sabes que las cosas se desvirtúan y que todo lo religioso se acaba impregnando de ese aura como de leyenda… y eso se transmite de generación en generación y va calando…

– Vaya, cuanto sabes…

– Qué va, si lo he mirado todo por Internet para intentar impresionarte.

– ¿Y me lo dices?

– Claro, ¿de qué serviría ocultártelo? Antes o después te ibas a dar cuenta de que no tengo ni idea.

– Eso es verdad. De todos modos, pobres moscas, tienen una fama horrible y tal vez no se la merezcan. Vale que dan un poco de asco pero habría que reivindicarlas un poco más. ¿Tú sabías que son fundamentales para un montón de cosas? Se utilizan en medicina forense, por ejemplo, para esclarecer crímenes.

– Carne descomponiéndose otra vez…

– Sí, lo sé, esta conversación mejora por momentos… Bueno, también se usan en investigación genética… ¡desde hace más de un siglo! Y hasta en el estudio de un montón de enfermedades: cardiopatías, enfermedades neurodegenerativas

– Tú también sabes mucho, ¿no?

– Años y años de estudio tenían que servir para algo, aunque sólo fuera para una charla de barra de bar…

– Pues mira, yo también estudié las moscas, y me enseñaron que polinizan muchas plantas, y que se usan como control de plagas de otros insectos para reducir el uso de insecticidas… Y aun así es cierto que dan mucho asco, tienes razón, y son muy pesadas.

– Sí que lo son… En mi casa se dice que cuando se ponen cojoneras es señal de que va a llover.

– ¡Hostia, pues va a caer un aguacero grande porque se te acaba de colar una dentro de la cerveza!

– Pues que llueva, que falta hace.

– Y seguro que también te trae buena suerte, ya lo verás.

– Joder, a ver si es verdad porque últimamente estoy bastante corta de ella, menuda racha de mierda…

– Pues eso: racha de mierda, moscas que van a la mierda, moscas que revierten el proceso y traen rachas de buena suerte. ¿O es al revés? Ahora soy yo el que pregunto qué fue primero, si la buena o la mala suerte…

– Es verdad, puede que mi mierda atraiga las moscas para cambiar el rumbo. ¿Y si ahora resulta que soy La Señora de las Moscas?

– No, me parece que tú no tienes nada de demoníaca. Y además, ¿sabes qué? A veces es necesario hundirse en la mierda para emerger de ella completamente nueva, más feliz. Y si además llueve, ya se encargará el agua de arrastrarla lejos…

– Mmm, la mierda como elemento depurativo… No es muy atrayente que digamos.

– Para las moscas sí, como la carne podrida… Quizá por eso a nosotros nos dan tanto asco.

– Las malas rachas también tienen un final, ¿verdad?

– Seguro que sí, y algo me dice que la tuya va a acabar pronto…

– Anda, mira, no es una mosca, pero se me acaba de posar una polilla en la mano.

– ¿Lo ves? ¡Eso es señal de que brillas hasta en los malos momentos!

– ¿Eso también lo has buscado por Internet?

– No, eso lo he sabido siempre…

En esta ocasión le frère y yo hemos decidido revertir el proceso: él me ha pasado el dibujo y yo he buscado la inspiración en él. Coincide que al mismo tiempo Alicia -que ha colaborado antes en este blog-, escribió para decirme que se le había posado una polilla en la mano y que eso debía tener algún significado positivo. Y mi cabeza, cuyos mecanismos son muy intrincados, empezó a mezclar conceptos: moscas y polillas; mierda y mala suerte; mierda y buena suerte… Rachas, siempre rachas… Eso es lo que nos hace estar vivos, aunque alguna de ellas implique hundirnos en la mierda.

Pinchando aquí descubriréis las elucubraciones de le frére mientras dibujaba la mosca. Movidas muy tochas, seguro…

El primer párrafo del diálogo alude a la novela El Señor de las Moscas, de William Golding.

 

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