En este mundo de claroscuros

En este mundo traidor

nada es verdad ni mentira,

todo es según el color

del cristal con que se mira.

(Ramón de Campoamor)

 

‘Todo llega’, por le frère

 

Recuerdo el día que mi psicóloga me planteó el siguiente dilema: «Entre vivir una vida en la que todos los días te sucediese algo bonito y pequeño o una en la que los días transcurriesen en una cierta rutina y cada cierto tiempo te ocurriese algo muy grande y muy bueno, ¿qué escogerías?».

«No lo sé», contesté mientras mi yo racional ganaba tiempo calculando los pros y los contras de cada una de las dos situaciones -sí, encontré contras en ese argumento-. Al final quedé bloqueado, dando validez a esa primera respuesta.

Ella sonrió levemente, una sonrisa sin atisbo de superioridad pese a que de alguna manera sabía que esa iba a ser mi reacción. Entonces dijo: «Vamos a plantear la pregunta desde otro punto de vista. Entre vivir una vida en la que todos los días te sucediese algo pequeño y negativo o una en la que los días transcurriesen en una cierta rutina y cada cierto tiempo te ocurriese algo muy grande y muy malo, ¿qué escogerías?».

Mis dudas desaparecieron al instante. «La segunda», dije casi en automático. «¿Todos los días algo negativo? ¡Eso sería insoportable!» Pocas veces he sentido tanta seguridad a la hora de elegir, para lo bueno y para lo malo.

Y pienso en ti y en la época que te está tocando vivir, en eso grande y negativo que ha venido a invadir tu espacio. Y al mismo tiempo pienso en todas las cosas que han quedado arrinconadas a la espera de volver a emerger, esas que llamamos rutina y que a veces olvidamos, incluso desdeñamos. No es que cada día te ocurra algo pequeño y bonito, no, eso sería esconder una realidad para engañarnos luego llamándola traidora. Lo pequeño y bonito es lo que tú sola has creado, es el entorno seguro que muchas veces queda diluido precisamente en la rutina.

Y ya sé que esto ahora no consuela pero quizás sirva para que frenes un instante y pienses que esas son las cosas en las que te puedes apoyar para pasar el mal trago presente: es la familia, son los amigos, es el trabajo por el que has luchado; es nadar, es escribir, es hacer todas y cada una de las cosas que te apasiona hacer. Eres tú, con tu propia singularidad, con todo el valor que atesoras.

Tú tienes la extraña capacidad de sorprenderte por las cosas más pequeñas, de disfrutar de instantes minúsculos hasta exprimir la última gota de su jugo. Aprovéchalo. Aprovéchate. Y también llora, grita, arremete a patadas contra las paredes cuando tengas que hacerlo, ejerce tu derecho a estar triste, ¿por qué no?

En este mundo de claroscuros nadie está preparado para verlo todo con el cristal negro: hoy usas gafas de sol para ocultar tus ojos hinchados, llorosos por la pena. Que pase el tiempo que tenga que pasar. Sólo quiero que sepas que me alegrará verte con las mismas gafas, con los mismos ojos llorosos, hinchados entonces por la risa.

La destinataria de esta carta me sugirió publicarla en el blog después de haberla leído. Es una historia que ya había contado en algunas ocasiones pero que nunca había escrito. La experiencia que en ella se cuenta supuso para mí un importante proceso de reflexión y aprendizaje. Y una puesta en práctica difícil y aun así alcanzable. Sería bonito saber que puede servir a otros.

A veces las historias se cruzan, como se cruzan los dibujos de le frère. De este modo conecta con una entrada anterior, aquella de las moscas y las polillas. Si pincháis aquí descubriréis el por qué de su dibujo.

 

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