Ensalada de caballa y piedras

Ingredientes para 1 persona:

  • 50 gramos de pasta en espirales
  • 3 lomos de caballa en aceite
  • 1 piedra mediana
  • 1 tomate en rama
  • Pimienta
  • Albahaca
  • 4 nueces
  • Aceite de oliva
  • Sal
  • Zumo de 1 limón

Modo de preparación:

  1. Hervir la pasta durante 10 minutos. Retirar y remojar para cortar la cocción. Dejar escurrir.
  2. Picar el tomate en dados. Al mismo tiempo, picar la albahaca fresca. En un recipiente, mezclar el tomate y la albahaca y reservar.
  3. Picar la piedra, igualmente en dados. Espolvorear un poco de pimienta por encima, mezclar en un recipiente y reservar.
  4. Picar las nueces. Mezclarlas con un chorro de aceite de oliva, sal y limón. Remover hasta que las nueces se empapen. Reservar.
  5. Servir todos los ingredientes en el plato.
  6. Escurrir los lomos de caballa y servir por encima.
“Que te folle un pez”, por le frère.

Hoy, amigo lector, me apetecía enseñarle una receta fácil, sencilla y equilibrada; una de esas recetas comodín que un servidor particularmente cocina de vez en cuando. Puede que de digestión algo difícil pero altamente nutritiva.

La pasta aporta el hidrato de carbono; la caballa, las proteínas y el omega-3 además de varias vitaminas del grupo B; las nueces son ricas en antioxidantes y en ácidos grasos esenciales mientras que el tomate lo es en vitamina C. Por último, las piedras son un importante elemento para destrozarle a usted las tripas.

Esta receta es ideal para aquellos momentos en que la vida le obliga a tragar. Se han descrito dos estados, a saber: (1) esos en que a uno no le queda más remedio que retener la rabia y mantener una expresión hierática en el rostro -salvo por una casi imperceptible sonrisa-, respondiendo con un escueto claro que en realidad viene a significar me cago en todos tus muertos; y (2) esos otros en que uno es interpelado con un ¿cómo estás?, respondiendo con un breve bien -también aceptada la muy socorrida pues voy tirando-. ¡Mucho cuidado con la expresión de los ojos en este segundo caso, suelen revelar de manera inconsciente el verdadero estado emocional!

El ser humano, al contrario que las aves, -permítanme un breve inciso biológico-, no posee la denominada molleja; ésta es una especie de bolsa que precede al estómago y que se encarga del primer molido de los alimentos, acción que en los humanos es ejecutada por los dientes. Para facilitar el triturado algunas aves tragan piedras enteras que, ayudadas de ciertos movimientos de contracción de la molleja, rompen el alimento.

Pero aquí las piedras no tienen el cometido de triturar, no, aquí se trata de triturarlas a ellas antes de que le rompan a usted por dentro. Es por ello que una vez ingeridas las piedras se recomienda acudir a la ayuda de amigos y/o familiares. Es fundamental en esos momentos dejar de lado la vergüenza que pueda causar la petición de socorro, así como tener presente que todos en algún momento comemos piedras.

Si está usted en la posición de prestar ayuda, limítese a escuchar. El alcohol puede ser un consuelo ocasional -un auxilio más que nada- pero en función de la dosis y del tamaño de las piedras puede ser contraproducente. Eso sí, sea cual sea este tamaño absténgase de ofrecer consejos, remedios u otras curas similares: los milagros no existen y se expone a recibir un sonoro vete a tomar por culo ya.

Repito, la mejor solución es escuchar: usted, como receptor y por el mero hecho de hacerlo, ya es simpático; si además tiene la paciencia de hacerlo hasta el final, sin interrumpir, interiorizando el problema del emisor sin por ello hacerlo suyo, está siendo empático. Déjelo ahí, el otro se verá regocijado por su escucha y usted habrá prestado una ayuda crucial para la digestión de las piedras.

Si éstas se hacen bola, causando por ello graves daños a su sistema abdominal, amén de afectar al tránsito, al ejercicio del deporte o a la ingesta posterior de alimento, acuda a instancias superiores. Los loqueros -también llamados psicólogos- son ideales para este cometido: no sólo escuchan sino que además no juzgan; llegan incluso a ofrecer herramientas -la mayoría de las veces eficaces- para su disolución. Eso sí, vaya usted prevenido: las visitas a la consulta son siempre dificultosas, no por el estigma que ello supone, que cada vez es menor, sino porque las piedras se removerán, tratarán de revelarse, intentarán hacerle más daño para forzarle a dejar las cosas como están. ¡Ignórelas!

El proceso es largo y costoso; percibirá al principio que no sirve para nada. Es más, las piedras son ladinas y avispadas; son sagaces. Una vez se ven en peligro, le harán creer que su situación es más grave que antes del comienzo. Pero repito una vez más, ignórelas -o en caso de no poder hacerlo muéstrese firme gritando que os jodan, jodidas de mierda, sin miedo a ser reiterativo por el uso del verbo joder… el joder siempre alivia-. Recuerde esto: usted es más fuerte de lo que cree ser. Abra sus carnes y conseguirá expulsarlas, no se preocupe del tiempo que transcurra.

Ah, una recomendación final, quizá no se atreva con esta receta: es normal. Nada de lo que ha leído es de obligado cumplimiento; al fin y al cabo los consejos son consejos, válidos y absurdos a partes iguales. Sólo le insto a que piense sobre ello. Mientras tanto puede sustituir la piedra por un aguacate: obtendrá una receta más sabrosa e indudablemente más fácil de comer… pero sobre todo, de digerir.

Parece que le frère está un poco de vuelta de todo, o al menos eso parece a tenor de su nuevo dibujo… en realidad a mí me pasa un poco lo mismo, creo que el sentimiento que impera en estos momentos es el de mandar todo bastante lejos. En fin, veamos que nos cuenta él en su blog le frère a mi pesar: pichad aquí.

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