Dobles

setenotaenlamirada
‘Se te nota en la mirada’, por le frère.

Hola Alicia:

Esto no es una carta de amor… o sí: de amor a nuestra manera. Al fin y al cabo nos queremos, o eso espero, aunque nos veamos poco.

Te escribo impulsado por un enorme sentimiento de irrealidad. Me da un poco de miedo intentar recordar cuándo fue la última vez que estuvimos juntos. Ni siquiera lo voy a hacer, sólo sé que fue hace tanto tiempo que hasta he perdido la capacidad de echarte de menos. Y sin embargo creo haberte visto hoy.

La vida me ha traído a Badajoz. El trabajo, más bien. El destino a veces es así de caprichoso: aquí trabajó mi padre durante 18 años. Fue una época larga, que conoció mi niñez y mi adolescencia; que vino cargada de madurez y responsabilidades. En todo ese tiempo, incierto tiempo, mi padre consiguió una sola certeza: la llamada de teléfono. Nunca faltó a su cita con la llamada de teléfono. Jamás. Siempre a la hora de la cena. Mi madre al otro lado para responder, cada noche durante 18 años. ¿Sabes cuántas llamadas se pueden hacer en 18 años? Me cuesta imaginar un gesto de amor más bonito que ese.

Resulta curioso, ¿no crees? Yo crecí viendo a mi padre los fines de semana y escuchando su voz el resto de los días. Sin pensar que él envejecía al mismo tiempo, viendo crecer a su hijo a tirones, de 7 en 7 días.

Te cuento esto porque he conocido a una chica. Sí, en Badajoz. Durante un viaje de trabajo. Hablo con ella, escucho su voz todos los días desde hace un montón de años. De repente, todo ha encajado.

La chica tiene el mismo tono y esa cadencia tranquila de tu voz. La que transmite calma cuando todo se desmorona. Con ese acento sutil que parece que esté recitando. Y la risa, la carcajada que no es carcajada, que se interrumpe a la mitad. Que extraña porque no se corresponde con el brillo de los ojos. Como a cámara lenta. Por supuesto, al principio la asociaba siempre a ti. Pero llegó un día en que se convirtió en cotidiano y dejé de prestarle atención: la rutina, qué te voy a contar que no sepas…

Hasta hoy, que iba pensándolo antes de encontrarme con ella, imaginando lo que tantas veces había imaginado antes: que iba a parecerse a ti. Y me ha encantado. Y me ha inquietado también. Porque es igual que tú. Algo más baja y un pelín menos esbelta. Pero igual que tú. Y tú nunca me has gustado. Bueno, sí, pero no de ese modo, ya sabes…

Le he preguntado: ¿de dónde eres? Me ha contestado: de León. Le ha sorprendido la sonrisa de mi cara y me ha interrogado curiosa: qué. ¿Harás como todos los de León y no admitirás que hablas cantando?, he replicado. Y entonces me ha devuelto la sonrisa, levantando las cejas, asintiendo con un gesto liviano. Mordiéndose el labio inferior…

No le he preguntado si te conocía. Y a ti tampoco te voy a decir cómo se llama. Creo que es mejor así. Sólo quiero que sepas que tu doble en la Tierra es de tu tierra, en minúscula, y que a lo mejor un día os conocéis -si es que eso no ha ocurrido ya- y yo soy vuestro nexo de unión, aunque no vuelva a verla nunca más. Y me gusta pensar en las cientos de llamadas que han ido de vuelta a Badajoz, una cada día; en la certeza que he podido generar en esa chica, la de que todos los días mi voz estaría al otro lado del teléfono, equilibrando así el flujo que un día mi padre estableció. En una especie de doblez en el tiempo…

Me despido: cuídate, cuídate mucho. Ojalá algún día me contestes. Ojalá algún día volvamos a vernos.


Querido Nacho:

Esto parece un sueño dentro de otro sueño, como la película de Nolan. No conozco a nadie que sepa conectar mejor la ficción con la realidad, preparas el cocktail y a ver quién es el valiente que se atreve a adivinar qué hay de cierto en todo esto. Aunque en esta ocasión creo que gana la realidad por mayoría aplastante. ¡Cómo es la vida!, te hace ir a Badajoz para encontrarte con mi otro yo en lugar de facilitar un cruce por la villa madrileña.

Me ha encantado recibir tu carta… de amor a nuestra manera. Curiosamente en formato electrónico.

Yo no quiero que la tecnología nos mantenga conectados 18 años a través del celular, no quiero que se repita la historia. Las carcajadas que se interrumpen a la mitad y el brillo en los ojos no se aprecian de ese modo. Compartimos ciudad de residencia, así que lo tenemos fácil.

¡Menos whatsapps y más reencuentros, por favor! Nos come internet, no me gustan sus vientos de inmediatez, me siento abrumada en esta marabunta de likes. Prefiero ser amada a ser seguida. Me niego a que el amor muera en favor del ego. Ahora que prima el exhibicionismo, ahora que Narciso le gana la batalla a Eros.

Espero que algún día me presentes a mi doble, quizás ya la conozca, o incluso es probable que sea de mi familia. Seguro que hay en Badajoz algún camino por descubrir, alguna comida deliciosa que degustar, alguna fábrica de cerveza artesana donde hacer una cata, algún escenario de cine donde se rodó una de tus pelis favoritas… esas cosas que tanto te gustan. Esas cosas que estimulan los sentidos pero sin sufrir de hiperestimulación, que te hacen conectar con el otro y con el genius loci.

Más experiencias y menos pantallitas que nos conectan con TODO a la par que nos desconectan de la realidad. Volvamos a vernos, para que vuelvas a echarme de menos, un abrazo es más sanador que 200.000 mensajes de afecto.

Nos vamos de pelis, de chateaux o de chatos, ¿sí?


Esta entrada ha sido co-escrita con Alicia Calaveras Ramos.

No es la primera vez que Alicia escribe en el blog: lo hizo después de asistir a la clausura de una exposición de le frère en la que se exponían algunos de los dibujos que ilustran este blog; y versionó una caricia en la barriga acorde con su formación bioquímica. Hace un tiempo me expresó su deseo de volver a hacerlo y yo no tenía muy claro cómo hasta que apareció la chica de Badajoz. O tal vez apareció hace mucho tiempo y sólo estaba esperando la propuesta de Alicia. La casualidad se confunde con la causalidad en una carta que conecta lugares y personas separadas en el espacio y en el tiempo. Lo que no podía esperar es el giro de guion de su respuesta, insuperable hasta para el mismísimo Nolan: una reflexión importantísima en una mala época para Eros, como bien me (nos) recuerda.

Aprovechando esta colaboración contacté con le frère, alejado de este blog desde abril gracias a un volumen de trabajo exagerado en los últimos tiempos, afortunadamente; alejado del blog pero no de mí, afortunadamente también. Vuelve con un dibujo brillante, como brillante es esa pupila que dice me gusta. Si a vosotros lo que os gusta es su dibujo, pinchad en este enlace: os llevará a su blog, donde os cuenta qué le inspiró la correspondencia entre Alicia y yo.

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